Fiabilidad en la Red: ¿Cómo saber si mis fuentes de información son fiables?

Fiabilidad en la Red: ¿Cómo saber si mis fuentes de información son fiables?

FIABILIDAD EN LA RED. La documentación no es sólo una tarea para estudiantes o investigadores de cualquier tipo. Estar bien informado siempre es necesario; y a día de hoy, gracias a la amplia disponibilidad de Internet, cualquiera diría que no tenemos excusa. Sin embargo, como dice la célebre frase, “en Internet, nadie sabe que eres un perro”: gracias al desarrollo de la llamada Web 2.0, que permite a los usuarios crear sus propios contenidos, todo aquel que tenga acceso a Internet puede publicar cualquier cosa, y con muchísima facilidad.

A día de hoy, la Red de Redes puede proveernos de muchos recursos valiosos; pero también podemos encontrar en ella toneladas de información sin contrastar, de veracidad dudosa o, simplemente, falsa. Por eso es muy importante saber distinguir entre una fuente fiable y otra que no lo es; y por eso quiero dedicar este artículo a exponer unas cuantas directrices que pueden ayudarnos a determinar si la información que figura en un sitio web concreto es fiable o no ¡Empecemos a descartar opciones!

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¿Está en una página web oficial?

Las páginas web oficiales pertenecen a organismos, instituciones o empresas que, normalmente, cuidan mucho la información que ofrecen en la Red; y tienden a contrastarla y actualizarla con regularidad. Así que podemos considerar fiable, por norma general, cualquier dato que figure en un sitio web oficial.

¿Quién lo ha escrito?

A veces nos encontramos con fuentes que, sin ser páginas oficiales, pueden tener un alto grado de fiabilidad. No son pocos los profesores, científicos y expertos en sus respectivos campos que cuentan con un blog o sitio web personal. Además, en Internet también se pueden encontrar publicaciones científicas y grandes bibliotecas, depósitos y bases de datos virtuales. En estos casos, para determinar si una fuente es o no fiable o si se trata de una fuente contrastada, una de las pistas más sencillas es la identidad de su autor.

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En la mayoría de las ocasiones, los sitios y páginas web que contienen información sobre cualquier tema tienen un apartado en el que se menciona el nombre del creador del sitio o de los colaboradores; y en la mayoría de los artículos consta el nombre de su autor. Es importante comprobar que se trata de una persona experta en el campo sobre el que escribe. Debemos desconfiar siempre de un artículo si su autor no lo ha firmado o si no podemos averiguar quién es y cuál es su campo de especialidad.

¿De dónde viene la información?

No es extraño que los artículos científicos se citen entre sí, y la técnica de copiar y pegar (copy-paste) se utiliza muy a menudo en Internet. Así que es importante cerciorarse de que la información que se nos ofrece procede a su vez de una fuente adecuada. Para eso debemos revisar la bibliografía, o la lista de referencias, de ese sitio web; en la que deben figurar todas las publicaciones de las que se ha extraído la información que se está utilizando. La bibliografía (o sitografía, si está compuesta de páginas web) de una publicación es también una manera de explicitar que se han utilizado fuentes ajenas a la hora de elaborar un documento, para evitar incurrir en un delito de plagio; así que toda publicación que pretenda ser fiable y que contenga información extraída de otras publicaciones debe tener una. Debemos desconfiar de todo documento extraído de Internet que no contenga ninguna referencia a la fuente de su información.

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¿Cuándo fue escrito?

A menudo nos encontramos con documentos o páginas web escritas por expertos, debidamente contrastadas y acompañadas por su correspondiente bibliografía; pero que llevan años sin ser actualizadas. Debemos tener en cuenta que, dada la velocidad con que avanzan a día de hoy las investigaciones y la facilidad con que se crea la información, un documento que tenga más de tres años puede considerarse, en según que campos, desfasado o inexacto; de modo que la publicación que nos disponemos a consultar debe ser lo más reciente posible.

Consejo: la segunda opinión

Si, a pesar de haber examinado debidamente nuestras fuentes aplicando estas directrices, aún tenemos motivos para desconfiar de la información que hemos encontrado, siempre podemos intentar compararla con la que nos ofrecen otras fuentes. Al fin y al cabo, cuantas más fuentes fiables incluyen un mismo dato, más difícil es que este sea falso.

Espero que estas líneas generales les sean de utilidad a la hora de documentarse o informarse. Ya sólo me queda invitarles a usarlas siempre que puedan y desearles suerte con su investigación.

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