4 signos que evidencian que eres procrastinador y consejos para evitarlo

4 signos que evidencian que eres procrastinador y consejos para evitarlo

Procrastinación: dícese del arte de hacer cualquier cosa menos lo que se debería estar haciendo. La procrastinación es el principal enemigo de los estudiantes, así como de toda profesión que exija tareas a corto o medio plazo: siempre que se pueda dejar para mañana, o para pasado mañana, al procrastinador le parecerá más interesante limpiar toda la casa de arriba a abajo que sentarse a trabajar.

En realidad, la procrastinación es una tendencia bastante natural en el ser humano; y la clave de este comportamiento está en la misma base que muchos de los bien o mal llamados vicios que tendemos a desarrollar las personas: cuando nos enfrentamos a una tarea que encontramos desagradable, nuestro cerebro intenta convencernos de que la dejemos de lado y hagamos otra cosa. Sabemos que no debemos hacerlo, y que tendremos que pagar por ello cuando llegue el momento con estrés y sensación de culpabilidad; pero vemos tan lejos ese momento, y consideramos que el esfuerzo nos compensa tan poco, que no le vemos alicientes.

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Sin embargo, como sabemos que la fecha límite del plazo siempre acaba llegando, tenemos que hacer de tripas corazón. Por ese motivo quiero dedicar este artículo a unos pequeños consejos para derrotar a nuestro lado más perezoso antes de acabar con el agua hasta el cuello para cumplir con los encargos, sean cuales sean. No soy experta en psicología, de manera que sólo puedo hablar desde mi propia experiencia como estudiante. No obstante, espero que les resulte de utilidad.

La procrastinación es como morderse las uñas: la única manera de dejar de hacerlo es, valga la redundancia, dejar de hacerlo. Sólo se necesita un pequeño empujón en la dirección correcta: encontrar la manera de ponerse a trabajar. El primer paso que hay que dar es plantearse seriamente la razón por la cual se está procrastinando. Parece una tontería; pero una persona puede tener muchas razones para no hacer lo que se supone que debería estar haciendo, y esto es bastante importante para saber cómo abordar el problema:

1) ¿La tarea le resulta especialmente desagradable?

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Tarde o temprano, uno va a tener que hacer algo que no le guste; hasta en los empleos y en las carreras que se han elegido por vocación. Cuando nos encontramos en ese tipo de situaciones, es importante acordarse de que la tarea más larga es la que nunca se empieza; y que cuanto menos se tarde en hacerla más rápidamente se podrá pasar a otra cosa. Para esos casos, ayuda mucho establecer un ritmo de trabajo constante, con pausas establecidas y pequeñas recompensas. Y, por supuesto, no perder de vista el hecho de que, tarde o temprano, la tarea estará terminada.

2) ¿La tarea le resulta difícil o aburrida?

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De nuevo, la tarea que nunca se empieza es la que más tarda en acabarse. Sí su caso es éste, establecer un ritmo de trabajo marcado y recompensarse tras haber conseguido lo que se había propuesto también puede funcionar; pero lo más importante es marcarse las metas de manera realista, proponerse hacer las tareas en cantidades que uno sabe que podrá abarcar. También será importante evitar todas las distracciones posibles: instalarse en un entorno tranquilo, dejar el teléfono apagado en otra habitación y, de ser posible, desconectar el ordenador de Internet. La multitarea (es decir, el intentar hacer varias cosas al mismo tiempo) es también una costumbre a evitar cuando entramos en modo procrastinación, porque es otra invitación a acabar dejando de lado solapadamente esa tarea tan incómoda para nosotros.

3) Otro signo: La pereza

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Hay personas a las que, simple y llanamente, les cuesta ponerse a trabajar. En estos casos, lo mejor que se puede hacer es empezar a trabajar sin más y proponerse una meta a cumplir: al cerebro le da pereza empezar a trabajar, pero una vez ha conseguido empezar ya no le cuesta tanto seguir; de manera que basta con proponerse alcanzar una meta, aunque pueda parecer muy corta o demasiado fácil, y hacer un esfuerzo para intentar llegar hasta ella. La pereza paralizante desaparecerá al poco rato de haber empezado.

4) ¿Usted sufre del síndrome de la página en blanco?

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Esto le sucede a menudo a las personas cuyas tareas tienen un componente creativo: no saben qué escribir o dibujar, o no saben cómo empezar; y por lo tanto postergan el momento de hacerlo de forma indefinida. En ese caso, lo que yo recomiendo siempre es, simplemente, empezar. No es necesario que sea perfecto desde la primera letra o el primer trazo. Más adelante se nos irán ocurriendo ideas; y entonces podremos volver atrás y retocar, repetir, remodelar o, de ser necesario, rehacer. Puede parecer lento, pero siempre es mejor ir despacio que no avanzar en absoluto.

Estas cuatro suelen ser las razones más habituales para procrastinar; aunque detrás de éstas hay muchas otras. Sin embargo, sólo hay una manera de evitar esta costumbre: todo es empezar. Espero que estos consejos les sean de utilidad a la hora de enfrentarse a esas tareas que tanto les cuestan emprender ¡Buena suerte y que les sea leve!

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